
El agua limpia las heridas, enriquece la tierra, da vida y... adquiere poder devastador cuando se enfurece. La lluvia se ha obsesionado con Sevilla recientemente y anoche destrozó la primera parte. El Athletic aprovechó el pantano en el que se convirtió el Sánchez Pizjuán para apoderarse del partido. Llorente redondeó el panorama favorable. Pero el drenaje actuó milagrosamente, secó la hierba y colocó una autopista a Navas, Capel y... Acosta. Duscher aprovechó el empuje y el argentino firmó la remontada. Fueron dos mundos, dos vidas, dos historias completamente distintas que el Sevilla supo darle la vuelta cuando más lo necesitaba. Y como la noche iba de agua, tanto va el cántaro a la fuente hasta que se partió y no derramo agua, sino satisfacción por lo buscado durante tanto tiempo y en consecuencia logrado. Un gol de Lautaro Acosta puso el broche final a una ida que seguirá abierta hasta que no pase un mes por el capricho de la federación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario